miércoles, 10 de diciembre de 2008

el señor de los anillos












Petolius, llega a las rocas montañosas para el encuentro junto a Oxitus.



Pero Oxitus llega junto con un acompañante, llamado petolomeo.



Petolomeo venía con el fin de matar a Petolius.

Pero Petolius fue mas astuto que Petolomeo y Oxitus y
hullo de ellos.
FIN.

Vampiros en el espacio

Vampiros en el espacio

Es el siglo XIX. Un viajero, hombre medianamente joven, y su novia llegan a un pueblo entre las montañas de Transilvania. En el lugar hay consternación por una serie de desapariciones y los aldeanos al principio desconfían de él, aunque consigue alojar en una hostería y pronto se hace de amigos. Recibe entonces una invitación para visitar al señor de ese pueblo: el conde Drácula. Los aldeanos, sin decirle claramente, cuentan historias extrañas de sangre y de muerte. No quieren que vaya al castillo, pero él se ríe de esto; va y lleva a su novia.

Poco a poco, el viajero se va dando cuenta de que su novia está enamorada del conde, quien la visita. Furioso por esta situación, parte cierta mañana al castillo a discutir con el conde. Un criado le dice que el conde volverá en la noche, que ha salido. Creyendo que se ha ido a encontrar con su novia, el viajero vuelve al pueblo y la encuentra débil, muy enferma... en el cuello tiene dos pequeños agujeros.
Ayudado por los aldeanos, decide matar a Drácula. Aunque un vampiro ya está muerto: la única manera de cesar su existencia es desintegrarlo clavándole una estaca en el corazón o exponiéndolo a la luz del día, porque un vampiro es un ser de las tinieblas.

Lo que cuentan en Transilvania, donde está ese castillo, se parece más a la vida real: el vampiro mata al viajero, le bebe la sangre, y va a buscar a la muchacha. Pero ésta, al comprender que ama a un enemigo de Dios, se ha suicidado. Y el vampiro sigue maldito: nunca encontrará la luz, nunca encontrará el amor. Para siempre deberá seguir en las tinieblas...


En el año 2.500, los vampiros, esos seres que huyen de la luz y que duermen en ataúdes, encontraron un sistema de planetas llamado Oxal, en que no hay sol, sólo siete lunas, y hacia allá se dirigieron familias y familias de esta sanguinaria especie. Pero encontraron un problema: la comida. Para beber sangre, organizaron un sistema de granjas tomando prisioneros a cientos de humanos, y con jeringas –poco a poco- les iban sacando sangre, evitando que murieran y manteniéndolos siempre débiles.

Cierta vez, los vampiros capturaron a un gran grupo de viajeros que habían aterrizado en el planeta. Estos, a diferencia de los prisioneros que ellos tenían, no se debilitaban y, el día en que brillaban las siete lunas llenas, adquirieron una fuerza tremenda. Rompieron las murallas donde estaban encerrados y salieron: eran hombres-lobo. Enemigos. Otra raza de malditos. Los hombres lobo lograron escapar y llevaron a sus semejantes la noticia. Se había cumplido el eterno anhelo de los licántropos: encontraron un lugar en el que hay siete lunas y, por tanto, muchas noches de luna llena, incluso una noche en que las siete lunas están plenas y, como es lógico, los hombres lobo son más poderosos que nunca. Por esto mismo, decidieron apoderarse del planeta, atacando por sorpresa en la noche de lunas llenas. Pero los vampiros son inteligentes; esperan el ataque con toda clase de armas que disparan balas de plata. Llegó la noche y comenzó el ataque: desde sus naves espaciales los hombres-lobo descienden y son emboscados por los vampiros. Mueren los jefes de ambos bandos, mueren sus principales guerreros. Las lunas llenas comienzan a cambiar: han girado y algunas están en menguante, otras se han ido. Los hombres lobo se están debilitando. Y ante la masacre unos pocos sobrevivientes vuelven a abordar sus naves y logran huir.

Aunque los daños son muchos, los vampiros comienzan a reorganizarse. Han ganado dos luchas milenarias: ya no los molestarán los hombres-lobo, por una parte, y –por otra- en Oxal ya no hará falta dormir en ataúd ni huir de la luz.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Leyenda del Yeti



"MIENTRAS IBA CAMINANDO ENTRE ENEBROS cenicientos, oí de repente un rumor insólito, una especie de silbido que se asemejaba al grito de alerta de las gamuzas. Miré a mi alrededor y capté con el rabillo del ojo derecho la silueta de un bípedo que huía entre los árboles, en dirección al borde del claro, donde una tupida maleza de arbustos enanos recubría el pie de la pendiente. Sin hacer ruido y doblada hacia delante, la criatura seguía corriendo, se eclipsaba detrás de un árbol para volver a aparecer como un monstruo, con el resplandor de la luna a la espalda. Fue entonces cuando giró la cabeza hacia mí y permaneció inmóvil por un instante. Volví a oír aquel furioso bufido y, durante una fracción de segundo, pude ver su rostro: vi ojos y dientes, pero apenas logré distinguir forma o color. La cara no era más que una sombra gris y el cuerpo una silueta oscura, y así, amenazante, se erguía ante mí aquella figura. Era completamente peluda, tenía dos patas cortas y brazos fuertes que le caían casi hasta las rodillas. Calculé que mediría más de dos metros de altura. Aquel cuerpo parecía pesar mucho más que un hombre de idéntica estatura, pero se acercaba a la linde de los arbustos enanos a paso tan ligero y vigoroso que me causó tanto pánico como alivio. Así narra su encuentro con el yeti Reinhold Messner, el hombre a quien muchos consideran como el alpinista más importante de la historia, que ha dedicado los últimos 12 años a la búsqueda del yeti. Tras consagrar su existencia a la conquista de las cumbres, este tirolés se ha empeñado en perseguir una leyenda nacida en las faldas del Himalaya y que se extiende desde Pakistán a Bután y del Hindukush a Siberia, intrigando cuanto menos a un tercio de la población humana.
Hace tiempo que Messner ya no escala montañas. Desde 1986, cuando logró la ascensión del último ochomil que le faltaba para su colección, convirtiéndose de paso en el primer hombre en haber subido a las 14 montañas más altas de la Tierra. A partir de aquel momento, el tirolés se retiró de la vanguardia del alpinismo. Alejado de las cumbres no ha podido, sin embargo, sustraerse al irresistible atractivo de los últimos lugares vírgenes del planeta. Así ha recorrido la Antártida, el Ártico, desiertos como el de Takla Makán y, por supuesto, el Himalaya.
"Esta vez no había viajado al Tíbet para escalar una montaña" -señala Messner-, "sino para seguir el camino que había tomado el pueblo de los sherpas en su huida de la región de Dege a la zona de Khumbu". Se refiere al éxodo emprendido hace un siglo por esta etnia a través del Himalaya y que supuso el más importante trasvase de tradiciones en la moderna historia de aquella parte de Asia.
LA LEYENDA
Pero buscando la historia en el dédalo de valles y montañas del Tíbet oriental, Messner se pierde, dándose de bruces con la leyenda: "Por fin encontré huellas humanas y el camino que durante tanto tiempo había buscado. Lo seguí sin pensarlo dos veces. Impulsado por esta determinación y pisando ahora terreno seguro subí hacia Chagu, que me imaginaba que sería el próximo pueblo. Ascender era ahora un verdadero placer, que aumentaba cada vez que aspiraba el aire y, al expulsarlo, producía una erupción sonora y profunda. Y entonces algo grande y oscuro, sigiloso como un fantasma, se metió en un hueco que había entre la maleza de rododendros, detrás de la cual, a unos 30 pasos, se perdía el subidero... Me quedé parado. Con la respiración contenida seguía a aquella masa oscura que desbarraba tras una cortina de hojas y ramajes. ¿Qué significaba esa agitación entre las ramas y el monte bajo? ¿Quién o qué trotaba por ese bosque, solo y al amparo del crepúsculo? Esperé oír algún resuello o aliento, pero no hubo nada; todo siguió en silencio, sin rodar de piedras ni crujido de ramas. En la grisalla del fondo del bosque aún me pareció percibir unos pasos en carrera, suaves y ligeros; después ya no oí nada".
ENIGMA RESUELTO
En la primavera de 1997 Messner marcha de nuevo al Tíbet oriental. Allí descubre unas criaturas que identifica con el yeti. "El enigma del `hombre de las nieves' quedaba para mí resuelto. El jemo, de quien los nativos de esta región hablaban de forma tan natural como si se tratara de un conocido, correspondía exactamente a la descripción que los sherpas daban del yeti: podía ser tanto oscuro como claro, era por lo general un ser solitario y nocturno. Andaba sobre dos patas, casi tan erguido como un hombre, y a menudo se agachaba para desenterrar algo. Sus excrementos eran similares a los del hombre, aunque estaban mezclados con huesos finamente triturados y pelos de pequeños roedores. Se trataba sin duda de animales esquivos e inteligentes...". En ese viaje, Messner visita Sosar-Gompa, un monasterio destruido por los chinos y vuelto a levantar por los monjes. Allí se encuentra cara a cara con una de esas míticas criaturas. "¡Por fin tenía las pruebas! "Yeti. Leyenda y realidad". Reinhold Messner. Editorial Desnivel, Madrid 1999.

martes, 21 de octubre de 2008

el mago


Observando El Mago





a) ¿En qué lugar se encuentra el hombre?

R se encuentra en un comedor.

b) ¿Qué hace el hombre?

R: está almorzando con cuatro manos.

c) ¿Cómo es físicamente el hombre?

R: es un poco viejo alto

d) ¿Qué hace con cada uno de sus cuatro brazos?

R: con un brazo corta la carne, con otro la sujeta, con otro se sirve el vino y con el otro come pan

e) ¿Cómo es la mesa en la que está comiendo? ¿Qué hay en ella?
R: la mesa es cuadrada y hay en ella un plato con comida un vaso de vino un pedazo de pan.

f) ¿Qué hora es? ¿Por qué?

R: yo creo que es de noche, como las 8 por que está oscuro y se nota que es la luz de una lámpara.

g) Señalen qué características tiene el hombre, por ejemplo, “está asustado”, “está sereno”, “alterado”, etc.

R: está tranquilo y satisfecho con el almuerzo.